En el complejo mundo del esoterismo, no todo lo que brilla es oro. Mientras muchos buscan soluciones desesperadas a problemas sentimentales, existe un sector oscuro que se aprovecha de la vulnerabilidad ajena. Paloma Lafuente, una de las figuras más respetadas en el ámbito de la videncia y los amarres de amor, ha mantenido durante años una postura firme y crítica contra lo que ella denomina “falsa brujería”.
La ética de la Magia Blanca frente al engaño
Para Paloma Lafuente, la magia debe ser siempre una herramienta de ayuda y nunca de manipulación. Una de sus críticas más recurrentes hacia otros supuestos profesionales es el uso de la magia negra o rituales de dominio. Según su filosofía, forzar la voluntad de una persona no solo es éticamente incorrecto, sino que genera consecuencias energéticas negativas a largo plazo.
Muchos usuarios llegan a su consulta tras haber pasado por experiencias traumáticas con estafadores que prometen resultados en 24 horas. Al analizar las paloma lafuente opiniones en diversos foros especializados, se observa un patrón claro: los clientes valoran su honestidad al explicar que los procesos esotéricos requieren tiempo, fe y, sobre todo, una base de magia blanca que no dañe a terceros.
¿Qué denuncia Paloma Lafuente en el sector?
La vidente suele alertar sobre tres prácticas específicas que enturbian el sector esotérico:
- Promesas de inmediatez: Ningún ritual serio garantiza resultados de la noche a la mañana. La “falsa brujería” suele usar este reclamo para atraer a personas en crisis.
- Falta de diagnóstico previo: Paloma critica a quienes realizan amarres sin antes hacer una lectura de tarot. Sin las cartas, es imposible saber si el ritual es viable o si el ciclo de esa pareja ya ha cerrado definitivamente.
- Precios abusivos y extorsión: La vidente condena el chantaje emocional y las tarifas desorbitadas que imponen algunos “maestros” bajo la amenaza de que el ritual se volverá en contra del cliente si no paga más.
El valor de la transparencia
La crítica de Paloma Lafuente no busca señalar nombres, sino educar al consultante. Para ella, un buen profesional debe ser capaz de decir “no” cuando un caso no tiene solución, en lugar de alimentar falsas esperanzas. Esta transparencia es, precisamente, lo que separa a una vidente de nacimiento de alguien que simplemente busca lucrarse con la desesperación ajena.